“Lo que parece, no siempre es. Lo que no parece, a veces puede ser”

Ocurrió recientemente en Bogotá, Colombia. Se viralizó un video donde un conductor de autobús del sistema de transporte público de la ciudad, conocido como TransMilenio, manejaba su vehículo en aparente estado de embriaguez. Los pasajeros llamaron a la policía, que detuvo el vehículo y obligó al conductor a descender. En el video, en repetidas ocasiones, la oficial acusaba al conductor de estar borracho y condenaba su actitud: “¿Cómo es posible que hagas eso?”, le reclamaba una y otra vez.

Un dicho popular enseña: “Lo que parece, no siempre es. Lo que no parece, a veces puede ser”. Y eso se hizo realidad en esta historia. Para sorpresa de todos, después de hacerle la prueba de alcoholemia, se comprobó que el conductor no había bebido. En realidad, estaba enfrentando una crisis de salud debido a una descompensación hormonal y a la diabetes.

Esta historia me recuerda el gran riesgo que corremos cuando juzgamos a alguien por las apariencias. Muchas veces observamos una situación desde afuera y creemos tener la explicación correcta, pero solo Dios conoce la verdad del corazón. La Biblia nos advierte: “No juzguen según las apariencias; ésa no es la manera correcta de juzgar. Juzguen con justicia” (Juan 7:24, NTV).

Así como los pasajeros y la oficial estaban convencidos de que el conductor estaba borracho, nosotros también, muchas veces, estamos convencidos de nuestras opiniones sobre los demás, sin conocer la realidad que ellos están enfrentando. El apóstol Pablo escribe: “Tal vez creas que puedas condenar a tales individuos, pero tu maldad es igual a la de ellos, ¡y no tienes ninguna excusa! Cuando dices que son perversos y merecen ser castigados, te condenas a ti mismo, porque tú, que juzgas a otros, también practicas las mismas cosas” (Romanos 2:1, NTV).

La sabiduría de Dios nos invita a la prudencia y a la misericordia. Antes de condenar a alguien, debemos recordar que el Señor nos llama a amar, comprender y, sobre todo, confiar en que Él es el justo juez. Como está escrito: “El Señor le dijo a Samuel: ‘No juzgues por su apariencia ni por su estatura, porque yo lo he rechazado. El Señor no ve las cosas de la manera en que las vemos nosotros. La gente juzga por las apariencias, pero el Señor mira el corazón’” (1 Samuel 16:7, NTV).

Oración: Señor, líbrame de juzgar a los demás con base en mis impresiones o apariencias. Dame un corazón compasivo y ojos espirituales para ver más allá de lo visible. Que siempre recuerde que solo Tú conoces la verdad plena sobre cada vida. Amén.

Versículo clave: “El Señor no ve las cosas de la manera en que las vemos nosotros. La gente juzga por las apariencias, pero el Señor mira el corazón.” (1 Samuel 16:7, NTV)

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