La maldad está a nuestro alrededor

Ocurrió en Bauru, São Paulo. Un hombre que acababa de dejar a su hijo en la escuela salvó a una niña de 12 años de un intento de abuso. La acción del sospechoso quedó grabada por cámaras de seguridad: abordó a la niña en plena luz del día, en medio de la calle, sin importarle que estuviera acompañada de un compañero. Gracias a la intervención de este padre, que notó la situación extraña y enfrentó al sospechoso junto a la joven, el caso no terminó en tragedia. Según la Policía Civil, el agresor había amenazado a la niña diciendo que estaba armado e intentó llevarla a un terreno baldío cercano.

Si aquel hombre hubiera ignorado lo que estaba viendo, la historia podría haber tenido un final trágico. Pero él intervino. Se acercó, confrontó al agresor e impidió que la vida de la niña fuera destruida.

Vivimos tiempos en que la maldad está a nuestro alrededor. Muchas veces preferimos no involucrarnos, mirar hacia otro lado, pensar que “no es nuestro problema”. Pero la Palabra de Dios nos advierte: “Recuerden que es pecado saber lo que se debe hacer y luego no hacerlo” (Santiago 4:17, NTV).

También aprendemos con Jesús que la ley del Reino es el amor práctico: “El segundo es igualmente importante: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo’. Ningún otro mandamiento es más importante que estos” (Marcos 12:31, NTV).

El samaritano de la parábola no fue indiferente al hombre herido en el camino (Lucas 10:25-37). Interrumpió su ruta, invirtió tiempo, recursos y energía para salvar la vida de alguien que ni siquiera conocía.

Así también nosotros necesitamos estar atentos. El mundo no necesita más indiferencia, sino hombres y mujeres dispuestos a levantarse por el bien, a extender la mano y a proteger a los vulnerables.

El mensaje es este: cuando decidimos no cerrar los ojos ante la maldad, nos convertimos en instrumentos de Dios para traer vida, justicia y esperanza.

Oración: Señor, abre mis ojos para que no viva indiferente ante la maldad a mi alrededor. Dame valor para intervenir, sabiduría para actuar y compasión para cuidar de mi prójimo. Que yo sea un canal de tu amor en este mundo. Amén.

Versículo clave: “Recuerden que es pecado saber lo que se debe hacer y luego no hacerlo.” (Santiago 4:17, NTV)

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