La justicia de Dios nunca falla

Ocurrió en Buenos Aires, Argentina, en mayo de 2025, cuando obreros que realizaban trabajos en el jardín de una vivienda en el barrio de Coghlan encontraron restos humanos enterrados en el terreno. Tras exámenes forenses y pruebas de ADN, se confirmó que los huesos pertenecían a Diego Fernández Lima, un adolescente de 16 años desaparecido desde el 26 de julio de 1984. La casa donde se hallaron los restos pertenecía a Cristian Graff, excompañero de escuela de Diego, lo que añadió un elemento nuevo y perturbador al caso. El hallazgo puso fin a casi 41 años de incertidumbre para la familia y llevó a la policía a reabrir la investigación para esclarecer las circunstancias de la muerte y posibles responsabilidades. Sin embargo, aun si se concluyera que Cristian Graff o algún familiar suyo tuvo participación en la muerte del joven, el delito prescribió hace 20 años y la justicia humana no se aplicará en el caso de Diego.
Pero yo pregunto: ¿quienquiera que sea el responsable de la muerte de este adolescente escapará también de la justicia de Dios? Mi respuesta es clara: de ninguna manera.
En la reflexión de hoy quiero recordar esta gran verdad de las Escrituras: la justicia humana es limitada, falible y muchas veces tardía; la de Dios, no. Los tribunales pueden cerrar procesos, las leyes pueden declarar prescritos los delitos y los culpables pueden seguir con su vida como si nada hubiera ocurrido. Pero nadie puede prescribir su conciencia delante de Dios ni esconderse de sus ojos. La Palabra afirma: «Dios juzgará todos los actos, incluso los que se hacen en secreto, sean buenos o malos» (Eclesiastés 12:14, NVI).
Hay quienes piensan que escapar de la justicia humana es una victoria. Pero ¿qué clase de victoria es esa? Jesús hizo una pregunta que resuena con fuerza ante historias como esta: «¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde la vida?» (Marcos 8:36, NVI). Ningún éxito, ningún silencio comprado, ninguna impunidad aparente puede librar a alguien del tribunal eterno. Dios no puede ser burlado (Gálatas 6:7). Lo que hoy parece oculto, mañana será revelado.
Esta verdad también trae consuelo. Para familias que esperaron décadas por respuestas, para víctimas que nunca vieron justicia en esta vida, Dios sigue siendo el Juez justo. «El Señor es justo en todos sus caminos» (Salmos 145:17, NVI). Él ve, Él sabe y Él actúa en el momento oportuno. Su justicia no falla, no se corrompe y no depende de pruebas humanas para ser perfecta.
Ante esto, somos llamados a vivir con temor y esperanza. Temor, porque nadie escapará del juicio divino. Esperanza, porque el mal no tendrá la última palabra. La cruz de Cristo nos recuerda que Dios es justo, pero también misericordioso, y que hoy ofrece arrepentimiento antes del juicio final de mañana.
Oración: Señor, reconozco que muchas veces la justicia humana falla y nos frustra. Pero descanso en la certeza de que Tú eres un Dios justo, que ve todas las cosas y juzga con rectitud. Guarda mi corazón en temor, líbrame de la ilusión de la impunidad y enséñame a vivir con la eternidad en mente. Amén.
Versículo del día: «No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra» (Gálatas 6:7, NVI)
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