Jesús no nació un 25 de diciembre. ¿Y qué?

Un profesor de historia comenzó su clase escribiendo en la pizarra una sola fecha: 25 de diciembre. Luego preguntó a sus alumnos:
— «Si borro esta fecha, ¿el nacimiento de Jesús pierde su significado?»
El silencio fue inmediato. La respuesta era obvia.

La Biblia nunca registró el día exacto en que Jesús nació. Ningún evangelista se preocupó por marcar el calendario. El cielo anunció el nacimiento, no la fecha. Los ángeles proclamaron: «ha nacido el Salvador», no «anoten el día».

Entonces surge la pregunta que da título a esta reflexión:
— Jesús no nació un 25 de diciembre. ¿Y qué?

Los estudiosos indican que el nacimiento de Jesús probablemente ocurrió en primavera o en otoño. Los pastores estaban en el campo, los viajes eran posibles, el clima ayudaba. El 25 de diciembre apareció siglos después, como una elección simbólica de la Iglesia.

Pero lo más impactante no es cuándo nació Jesús, sino por qué Dios eligió no decirnos cuándo.
Tal vez porque Dios no quería que celebráramos una fecha, sino una presencia.

Si existiera un día exacto, correríamos el riesgo de encerrar el milagro en una celebración anual. Pero el Hijo de Dios vino para habitar, permanecer y caminar con nosotros — todos los días.

La Navidad no es un punto en el calendario. Es un punto de encuentro entre el cielo y el corazón humano. Jesús nace cada vez que hay arrepentimiento. Jesús nace cuando hay fe. Jesús nace cuando hay espacio. El problema nunca fue la falta de una fecha; siempre fue la falta de lugar.

Oración: Señor Dios, enséñame a no limitar a tu Hijo a una celebración anual. Que no celebre solo un día, sino que viva diariamente en tu presencia. Quita de mí todo lo que ocupa el espacio que le pertenece a Cristo. Que Jesús nazca en mi corazón hoy, mañana y todos los días. En el nombre de Jesús, amén.

Versículo del día: «Pues nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo. El gobierno descansará sobre sus hombros, y será llamado: Consejero Maravilloso, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz.» (Isaías 9:6, NTV)

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