Falsa herencia

Ocurrió en los Estados Unidos, en 2023. Steven Edward Riley Jr., un hombre sencillo de 51 años, recibió un correo electrónico diciendo que tenía derecho a una herencia de 30 millones de dólares dejada por un pariente lejano. La noticia, por supuesto, puso su vida de cabeza: empezó a hacer planes, programó un encuentro con un supuesto abogado en el aeropuerto y creyó que su futuro estaba a punto de cambiar. Pero, poco antes de la reunión, Steven se sintió repentinamente enfermo. Horas más tarde, estaba muerto. La autopsia reveló algo impactante: había sido envenenado con etilenglicol —la sustancia usada en anticongelante—. La investigación apuntó a su propia pareja, quien confesó haber puesto el veneno en el té, creyendo que tendría derecho a la fortuna. ¿Lo más trágico? La herencia nunca existió. Era solo una estafa. Su novia fue juzgada y condenada a 25 años de prisión.

Cuando leí esta historia, me impactó la tragedia que nace de la ilusión. Me hizo pensar en cómo tantas personas viven corriendo detrás de herencias terrenales —poder, dinero, posesiones— que prometen mucho, pero pueden desaparecer en un instante.

Y no es distinto con nosotros. También corremos el riesgo de poner nuestra esperanza en algo tan frágil como aquella herencia inexistente. Todo lo que este mundo ofrece es pasajero, vulnerable y corruptible.

Pero cuando vamos a la Palabra de Dios, encontramos un contraste extraordinario. La Biblia habla de una herencia verdadera, sólida y eterna: “que tenemos una herencia que no puede destruirse, ni contaminarse ni marchitarse, la cual está reservada en el cielo para ustedes.” (1 Pedro 1:4 — NTV). A diferencia de las promesas falsas de este mundo, esta herencia no depende de engaños, no está sujeta a pérdida y nadie puede arrebatárnosla.

Y no solo eso. La Palabra afirma: “Pues su Espíritu se une a nuestro espíritu para confirmar que somos hijos de Dios. Así que, como somos sus hijos, también somos sus herederos. De hecho, somos herederos junto con Cristo.” (Romanos 8:16–17 — NTV). ¡Qué promesa tan maravillosa! No somos solo receptores de algo futuro: somos herederos del propio Dios. Y esta herencia no es resultado de nuestro mérito, sino del amor y la gracia que recibimos en Cristo.

Además, se nos llama a vivir con esta certeza: “La riqueza obtenida de mala manera pronto desaparece; quien la junta poco a poco, la aumenta.” (Proverbios 13:11 — NTV). La Palabra nos recuerda que el camino de la mentira, la ilusión y la codicia siempre termina en ruina —como ocurrió en la historia de Steven—.

Que podamos fijar nuestros ojos en lo que es eterno, y no en las herencias frágiles y temporales de este mundo. La verdadera riqueza ya nos fue garantizada por Jesús.

Oración: Señor, ayúdame y ayúdanos a recordar que nuestra verdadera herencia está en Ti. Líbranos de las ilusiones de este mundo y afirma nuestro corazón en lo que es eterno, seguro e incorruptible. Amén.

Versículo del día: “Donde esté tu tesoro, allí estarán también los deseos de tu corazón.” — Mateo 6:21 (NTV)

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