El vaso vacío que agradó al rey

Había una vez un rey anciano que no tenía herederos. Decidió elegir a su sucesor entre los jóvenes del reino. Los reunió a todos en el palacio, les entregó una semilla a cada uno y les dijo:
—Aquel que me traiga, dentro de un año, la planta más hermosa será el próximo rey.

Pasó el tiempo. Los jóvenes cuidaron sus semillas con dedicación. Uno de ellos, llamado Elías, por más que regaba y abonaba la tierra, nunca vio brotar nada. Aun así, cuando se cumplió el año, llevó al palacio su maceta vacía.
Los demás llegaron con flores magníficas, y Elías se sintió avergonzado. El rey observó cada planta hasta detenerse frente a la suya —sin ningún brote—.
—Tú serás mi sucesor —declaró el rey.

El pueblo quedó en silencio, sorprendido. Entonces el rey explicó:
—Las semillas que les entregué estaban cocidas; ninguna podía germinar. Todos las cambiaron, excepto él. Elías fue el único honesto.

La integridad es hacer lo correcto, aun cuando nadie te está mirando. Elías fue el único que permaneció fiel, aunque no tuviera resultados para mostrar. Y así también es con Dios: Él ve el corazón antes de mirar el vaso.

Muchas veces presentamos al Señor resultados, logros y apariencias, mientras Él busca únicamente verdad y pureza en nuestro interior. Como dijo el profeta Samuel: “El Señor no ve las cosas de la manera en que las vemos nosotros. La gente se fija en las apariencias, pero el Señor mira el corazón.”
(1 Samuel 16:7, NTV)

Tal vez estés sosteniendo un “vaso vacío”: oraciones sin respuesta, sueños que no florecen, planes que no germinan. Pero si has permanecido fiel, aun así, Dios se agrada de ti.

En la vida espiritual, el vaso vacío pero honesto es más valioso que mil flores compradas fuera del tiempo y de la verdad.

Oración: Señor, enséñame a vivir con integridad delante de ti. Aun cuando nadie me vea, que permanezca fiel a tu verdad. Que mi vida sea un vaso puro, aunque vacío ante los ojos del mundo, pero lleno de tu presencia y de tu aprobación. Amén.

Versículo clave: “El Señor detesta los labios mentirosos, pero se deleita en los que dicen la verdad.”
(Proverbios 12:22, NTV)

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