“El que lo hizo, lo hizo. El que no lo hizo, ya no lo hará”.

El pasado viernes, un influencer digital brasileño, llamado Henrique Maderite, conocido a nivel nacional por sus videos publicados todos los viernes al mediodía, fue encontrado muerto en su propiedad rural en el distrito de Amarantina, en Ouro Preto. Henrique ganó notoriedad en las redes sociales al crear un eslogan que celebraba la llegada del viernes, frecuentemente asociado con el consumo de bebidas alcohólicas después del mediodía, lo que le valió millones de seguidores. Su muerte, ocurrida precisamente un viernes, causó una gran conmoción entre fans y seguidores.
Confieso que no conocía al influencer ni su contenido; supe de él únicamente a través de las noticias. Pero al ver su último video, publicado pocas horas antes de morir, se hace evidente una verdad desconcertante: nadie puede percibir, al mirar a alguien, que esa persona estará muerta en pocas horas. Esto revela, de manera dura y silenciosa, la fragilidad de la vida.
Curiosamente, uno de los eslóganes más conocidos del influencer era exactamente este, que da título a esta reflexión: “el que lo hizo, lo hizo; el que no lo hizo, ya no lo hará”. Al llevar esta frase a la realidad de la Palabra de Dios, se vuelve aún más seria. Existe un tiempo limitado aquí en la tierra para reconocer la verdad de las Escrituras, para arrepentirse, para creer y para rendirse a Cristo. Ese tiempo se acaba. Y lo más aterrador es que no sabemos cuándo.
La Biblia es clara al afirmar: «Y así como cada persona está destinada a morir una sola vez y después de eso viene el juicio» (Hebreos 9:27, NTV). No hay segunda oportunidad después de la muerte, no hay renegociación, no hay un “más tarde”. El tiempo de decidir es ahora. «Ahora es el tiempo favorable de Dios; hoy es el día de salvación» (2 Corintios 6:2, NTV).
Jesús contó la parábola del rico insensato precisamente para advertirnos contra esa falsa sensación de control sobre el tiempo. El hombre planeó su futuro, pero Dios le dijo: «¡Necio! Esta misma noche morirás. Entonces, ¿quién se quedará con todo aquello por lo que has trabajado?» (Lucas 12:20, NTV). Tenía planes, bienes y una seguridad aparente, pero no estaba preparado para encontrarse con Dios.
Cuando llevamos esto a nuestra propia vida, la pregunta se vuelve personal e inaplazable: ¿qué estoy haciendo con el tiempo que aún tengo? Hoy tenemos la oportunidad de reconocer a Jesús como el único y suficiente Salvador, de vivir reconciliados con Dios y de caminar en la verdad. Llegará un día en que esa puerta se cerrará. Y entonces, literalmente, el que lo hizo, lo hizo; el que no lo hizo, ya no lo hará.
Oración: Señor, enséñame a discernir el valor del tiempo que me concedes. Líbrame de la ilusión de que siempre habrá un mañana. Que hoy responda a Tu voz, me arrepienta, crea y viva para Tu gloria. Quiero estar preparado para el día en que me encuentre contigo. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo del día: «Busquen al Señor mientras puedan encontrarlo; llámenlo ahora, mientras está cerca» (Isaías 55:6, NTV).
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