El primer ataque de Satanás

Desde que la tierra fue creada, el primer ataque de Satanás no fue contra el ser humano ni contra la creación. El primer ataque de Satanás fue contra la Palabra de Dios. Si observamos con atención Génesis 3:1, encontramos a la serpiente preguntándole a la mujer: “¿De veras Dios les dijo que no deben comer del fruto de ninguno de los árboles del jardín?” (Génesis 3:1, NTV). Satanás inició su proceso de destrucción distorsionando lo que Dios había dicho. Con astucia, formuló una pregunta diseñada para llevar a Eva a dudar del mandato divino.
Después de que Eva respondió correctamente —repitiendo lo que Dios realmente había dicho, especialmente la advertencia sobre la muerte ligada al fruto prohibido—, la serpiente atacó nuevamente la Palabra del Señor: “¡No morirán!” (Génesis 3:4, NTV).
Es verdade que en aquellos días el hombre y la mujer no tenían la Palabra escrita como la tenemos hoy. Pero habían escuchado claramente la voz de Dios y habían guardado Sus palabras en el corazón. Por eso el enemigo eligió atacar la Palabra y, a través de ese ataque, abrió la puerta para la caída y toda la destrucción que siguió.
Y no debería sorprendernos que, aún hoy, Satanás siga haciendo lo mismo. La Biblia es ridiculizada, cuestionada, distorsionada y tratada como irrelevante por los burladores mencionados en el Salmo 1. El enemigo sabe que, si logra debilitar nuestra confianza en la Palabra de Dios, todo lo demás se derrumba.
La Escritura nos advierte repetidamente: “El cielo y la tierra desaparecerán, pero mis palabras jamás desaparecerán.” (Mateo 24:35, NTV). También declara: “Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñarnos lo que es verdad, para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida, para corregirnos y para enseñarnos a hacer lo correcto.” (2 Timoteo 3:16, NTV). Es en ella donde encontramos vida, dirección y protección.
Por eso, necesitamos permanecer firmes en la Palabra: amándola, obedeciéndola y guardándola en el corazón. Quien se aparta de ella pierde el rumbo; pero quien la mantiene como fundamento permanece firme, incluso en tiempos de engaño.
Oración: Señor, dame amor por Tu Palabra y guarda mi corazón de todo engaño. Que nunca dude de lo que Tú dices, y que Tu verdad sea mi fundamento diario. Fortaléceme para permanecer firme cuando el enemigo intente distorsionar lo que Tú ya has revelado. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo del día: “He guardado tu palabra en mi corazón, para no pecar contra ti.” (Salmo 119:11, NTV)
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