El perdón rehusado

Se dice que en un cierto reino distante, un hombre había cometido muchos crímenes. Estaba en prisión y había sido condenado a la horca. La ejecución sería al día siguiente, pero el rey de aquella ciudad podía otorgar una carta de perdón y librarlo de la muerte. El rey escribió la carta y decidió llevarla personalmente a la prisión. Se vistió como un religioso, con una Biblia en la mano y la carta de perdón dentro de ella, y fue hasta la celda.
Cuando aquel hombre lo vio vestido de clérigo, comenzó a insultarlo diciendo:
— ¡Fuera de aquí, pastor mentiroso! No creo en Dios. No pierdas tu tiempo conmigo, no quiero saber nada.
El rey insistió:
— Tengo algo para ti, está aquí dentro de esta Biblia.
Pero el hombre se negó, lo insultó de nuevo y lo expulsó de la celda.
Después de que el rey se retiró, un funcionario de la prisión habló con el condenado y le preguntó:
— ¿Sabes quién estuvo contigo en la celda?
El hombre respondió:
— Claro, era solo otro pastor mentiroso.
Entonces el funcionario le dijo:
— Estás equivocado. Era el propio rey, y dentro de esa Biblia estaba una carta de perdón. Hoy habrías sido perdonado y liberado.
Al día siguiente, llegó el momento de la ejecución. El hombre fue llevado al cadalso y, antes de morir, pidió la palabra y dijo ante la multitud:
— Hoy muero, no por los crímenes que cometí, sino por el perdón que rechacé.
Esta historia refleja la gran verdad del evangelio: todos somos culpables delante de Dios, pero el perdón fue ofrecido en la cruz por medio de Jesucristo. Así como ese hombre rechazó la carta de perdón, muchos hoy rechazan la gracia de Dios. El resultado no es solo la muerte física, sino la condenación eterna. Sin embargo, quienes aceptan el perdón reciben la promesa de vida abundante y eterna.
Oración: Señor, gracias por el perdón que me ofreces en Cristo. No permitas que endurezca mi corazón frente a tu gracia. Ayúdame a aceptar tu perdón y vivir la nueva vida que me has dado en Jesús. Amén.
Versículo clave: “Pero Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores.” (Romanos 5:8, NTV)
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