El orgullo actúa contra nosotros mismos

Ocurrió en Filadelfia, en 2016. Un hombre sospechoso de robo a banco, llamado Donald Pugh, era buscado por la policía y decidió burlarse de las autoridades después de ver su retrato hablado difundido. En lugar de esconderse, envió a la policía una selfie acompañada de un mensaje diciendo que el retrato estaba mal hecho. Fue arrestado unos seis días después. La imagen que él mismo envió terminó ayudando a los investigadores a confirmar su identidad y reforzar la búsqueda, lo que contribuyó a su posterior captura. Un ejemplo clásico de un criminal que, por arrogancia, orgullo o vanidad, terminó contribuyendo a su propia captura.
Esta historia ilustra algo profundamente humano: el orgullo puede llevarnos a actuar contra nosotros mismos.
El hombre podría haber permanecido en silencio. Podría simplemente haber ignorado el retrato difundido. Pero el orgullo habló más fuerte. La necesidad de demostrar algo, de responder, de mostrar superioridad, terminó poniendo en manos de las autoridades exactamente lo que necesitaban.
La Biblia advierte con claridad: “El orgullo va delante de la destrucción, y la arrogancia antes de la caída.” (Proverbios 16:18, NTV).
El orgullo tiene ese poder de cegarnos. Nos hace reaccionar cuando sería mejor reflexionar. Nos hace hablar cuando sería más sabio permanecer en silencio. Nos hace insistir en tener la razón, incluso cuando eso nos perjudica.
Otro proverbio dice: “El orgullo lleva a la deshonra, pero con la humildad viene la sabiduría.” (Proverbios 11:2, NTV).
¿Cuántas veces esto también ocurre en nuestra vida? Una palabra dicha en el calor de la emoción. Una respuesta impulsiva. Una actitud tomada solo para proteger el ego. Después nos damos cuenta de que el silencio habría sido más sabio.
El orgullo no solo nos aleja de Dios — muchas veces también nos coloca en situaciones que podrían haberse evitado.
Por eso la sabiduría bíblica nos llama a la humildad. Quien aprende a dominar su propio corazón no necesita demostrar nada a nadie.
Oración: Señor, líbrame del orgullo que ciega y conduce a la caída. Dame un corazón humilde, capaz de escuchar, reflexionar y actuar con sabiduría. Enséñame a reconocer cuándo el silencio es mejor que la reacción. Amén.
Versículo del día: “El orgullo va delante de la destrucción, y la arrogancia antes de la caída.” (Proverbios 16:18, NTV).
![]()





Quer receber devocionais diarias no seu celular?