El miedo puede distorsionar la realidad

Ocurrió en Atlanta, durante un vuelo entre Nashville y Fort Lauderdale. Un pasajero musulmán fue retirado de una aeronave de Southwest Airlines después de causar pánico entre otros viajeros que sospecharon, sin evidencias, que podría ser un “hombre bomba”. El temor comenzó cuando el hombre puso una alarma en su celular para marcar la hora de oración del Ramadan y comenzó a orar en árabe dentro del avión, lo que generó desconfianza y prejuicio entre algunos pasajeros. Ante la tensión, el piloto desvió el vuelo y aterrizó en Atlanta, donde agentes de seguridad retiraron al pasajero de la aeronave. Tras una investigación, el FBI concluyó que no había ninguna amenaza: el hombre simplemente estaba realizando su oración religiosa, y el episodio fue clasificado por las autoridades y la aerolínea como un gran malentendido motivado por el miedo y el prejuicio.
Esta historia revela algo muy humano: el miedo puede distorsionar nuestra manera de ver a las personas.
Las experiencias del pasado marcan profundamente nuestra mente. Noticias, tragedias y acontecimientos que hemos visto u oído crean dentro de nosotros una especie de alerta constante. Muchas veces, sin darnos cuenta, comenzamos a interpretar situaciones y personas a la luz de esos temores.
El problema es que el miedo puede llevarnos a juzgar precipitadamente. La Biblia nos advierte sobre esto. Jesús dijo: “No juzguéis, para que no seáis juzgados.” (Mateo 7:1, RVR1960).
Cuando permitimos que el miedo domine nuestro corazón, corremos el riesgo de ver peligro donde no existe, culpa donde no hay error y amenaza donde solo hay alguien viviendo su propia realidad.
Por eso la Palabra de Dios nos invita a otro camino: el camino del amor y de la confianza en el Señor. “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor.” (1 Juan 4:18, RVR1960).
Cuando el corazón es gobernado por el amor de Dios, aprendemos a mirar a las personas con más misericordia, menos sospecha y mayor discernimiento.
Esto no significa ignorar la prudencia, pero sí significa no permitir que el miedo nos transforme en jueces precipitados.
¿Cuántas veces juzgamos a alguien solo por su apariencia, su comportamiento o nuestras suposiciones? ¿Cuántas veces sacamos conclusiones sin conocer la historia completa? El cristiano es llamado a algo mayor: mirar al prójimo con gracia, recordando que Dios también fue misericordioso con nosotros.
Oración: Señor, guarda mi corazón del miedo que produce juicios injustos. Enséñame a mirar a las personas con sabiduría, pero también con amor y misericordia. Líbrame de formar opiniones precipitadas y ayúdame a reflejar el carácter de Cristo en mis actitudes. Amén.
Versículo del día: “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor.” (1 Juan 4:18, RVR1960).
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