El mayor de todos los premios

En 2003, en Michigan, Estados Unidos, un hombre llamado Jerry Selbee descubrió una falla en una lotería llamada Winfall. Le tomó menos de dos minutos calcular que, si apostaba cierta cantidad, tendría grandes probabilidades de ganar siempre. Decidió probar: apostó $3,600 dólares y recibió $6,300. La segunda vez arriesgó $8,000 y ganó $16,000.
Jerry entonces compartió su secreto con su familia, y juntos crearon una empresa para administrar las apuestas. Entre 2003 y 2012 acumularon $26 millones de dólares. El éxito llamó la atención de las autoridades, que investigaron el caso, pero no encontraron nada ilegal. La historia es tan sorprendente que hasta se convirtió en película.
Al leer esta historia, recordé que en la Palabra de Dios encuentro un premio mucho mayor. No tiene nada de ilegal, aunque lo recibo gratis, y está disponible para todos, aunque la mayoría lo ignore. Este premio está reservado para quienes permanecen firmes en la fe, como el apóstol Pablo, que lo expresó así: “Sigo avanzando hasta llegar al final de la carrera para recibir el premio celestial al cual Dios nos llama por medio de Cristo Jesús” (Filipenses 3:14, NTV).
Ese premio no depende de la suerte ni de cálculos humanos. Está garantizado por Cristo y será entregado en el tiempo señalado. El mismo Jesús afirmó: “¡Miren, yo vengo pronto y traigo la recompensa conmigo para pagarle a cada uno según lo que haya hecho!” (Apocalipsis 22:12, NTV).
Por eso, aunque enfrentemos luchas, persecuciones y dificultades, la Palabra nos invita a mantener la alegría: “Alégrense y estén contentos, porque les espera una gran recompensa en el cielo. Y recuerden que a los antiguos profetas los persiguieron de la misma manera” (Mateo 5:12, NTV).
Nunca lo olvides: hay un premio eterno esperándote. Y no existe recompensa terrenal que pueda compararse con el galardón eterno que Cristo ha preparado para los que le aman.
Oración: Señor, gracias porque en Cristo tengo la certeza de un premio eterno. Ayúdame a vivir con los ojos puestos en la meta, sin dejarme seducir por recompensas pasajeras, sino firme en la esperanza de la vida eterna contigo. Amén.
Versículo clave: “Sigo avanzando hasta llegar al final de la carrera para recibir el premio celestial al cual Dios nos llama por medio de Cristo Jesús.” (Filipenses 3:14, NTV)
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Sobre o Autor
Bernardo Reinke
Bernardo Reinke es brasileño, cristiano, miembro de la Iglesia Cuadrangular Carismática, en Ibague, Colombia. Nació y creció en un hogar cristiano, y comparte diariamente sus experiencias con Dios a través de devocionales simples, directas y prácticas.


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