El día en que las oportunidades se acaban

Ocurrió en Ipatinga, Brasil, el pasado 4 de marzo. El pastor Moisés Galdino, de 53 años, murió después de sentirse mal dentro de un motel en el barrio Canaãzinho. Estaba acompañado de una mujer con quien habría tenido una relación sexual cuando comenzó a presentar síntomas de un infarto. La acompañante llamó al Servicio de Atención Móvil de Urgencias, pero dejó el lugar antes de la llegada de la policía al informar que el hombre era casado. Los equipos de emergencia intentaron reanimarlo durante cerca de una hora, sin éxito, y la muerte fue confirmada aún en el establecimiento. La esposa del pastor fue llamada al motel para realizar el reconocimiento del cuerpo.
Al conocer esta noticia, no puedo evitar pensar en cuántas oportunidades Dios debió haberle dado al pastor Moisés Galdino antes de aquel 4 de marzo. Cuántas veces el Espíritu Santo debió haber hablado a su corazón. Cuántas advertencias, cuántos momentos de conciencia, cuántas oportunidades para volver atrás.
La Biblia nos muestra que Dios es paciente y misericordioso. Él no se complace en la caída de nadie. Al contrario: “El Señor no tarda en cumplir su promesa, como algunos piensan. Al contrario, es paciente por amor a ustedes. No quiere que nadie sea destruido, sino que todos se arrepientan.” (2 Pedro 3:9, NTV).
Dios da oportunidades. Él llama, advierte, corrige y espera. Muchas veces imaginamos que siempre habrá tiempo para cambiar, tiempo para ajustar la vida, tiempo para arrepentirnos. Pero la Escritura también nos recuerda una verdad seria: el tiempo no es infinito.
“Busquen al Señor mientras puedan encontrarlo. Llámenlo ahora mientras está cerca.” (Isaías 55:6, NTV).
Hay un día en que las oportunidades terminan. No sabemos cuándo llegará ese día. Por eso la Palabra también dice: “Recuerden lo que dice: Hoy cuando oigan su voz, no endurezcan el corazón.” (Hebreos 3:15, NTV).
Esta reflexión no debe llevarnos a juzgar la vida de alguien, sino a examinar la nuestra. ¿Cuántas veces Dios también me ha hablado? ¿Cuántas oportunidades de arrepentimiento, de cambio, de reconciliación ha puesto Él delante de mí?
El mayor engaño espiritual es pensar que siempre habrá un “después”. El único tiempo garantizado que tengo delante de Dios se llama hoy.
Oración: Señor, dame un corazón sensible a Tu voz. Que no desperdicie las oportunidades de arrepentimiento y transformación que Tú me das. Ayúdame a vivir hoy de una manera que te honre. Amén.
Versículo del día: “Recuerden lo que dice: Hoy cuando oigan su voz, no endurezcan el corazón.” (Hebreos 3:15, NTV).
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