El celo incomoda al corazón frío

En Lucas 7:36-50 encontramos una de las escenas más bellas y desconcertantes del Evangelio. Jesús está a la mesa en casa de un fariseo cuando una mujer — conocida en toda la ciudad como pecadora — entra, se arrodilla a sus pies, llora, los lava con sus lágrimas y los seca con su cabello.

El fariseo, escandalizado, piensa: “Si este hombre fuera profeta, sabría qué tipo de mujer lo está tocando. ¡Es una pecadora!” Pero Jesús, conociendo su corazón, lo confronta y dice: “Entré en tu casa, y no me ofreciste agua para lavar mis pies; pero ella los lavó con sus lágrimas y los secó con su cabello. No me saludaste con un beso, pero desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No me ungiste la cabeza con aceite, pero ella ungió mis pies con perfume.” — Lucas 7:44-46 (NTV)

En esas palabras hay más que un contraste de actitudes: hay un espejo. La entrega de aquella mujer reveló la falta de entrega de los demás. Su devoción expuso el orgullo ajeno. Su amor dejó al descubierto la indiferencia religiosa de quienes estaban sentados a la mesa.

Y eso mismo sigue ocurriendo hoy. Muchos critican a quienes sirven, predican, ofrendan, evangelizan o adoran con intensidad — no porque estén equivocados, sino porque su entrega evidencia lo lejos que los demás están de esa misma pasión. El celo del hermano fiel incomoda al corazón frío. La generosidad del siervo dedicado denuncia el conformismo del espectador.

Pero Jesús defiende a los que se entregan. La mujer que fue juzgada salió de aquel lugar con una palabra que todos necesitamos oír: “Te son perdonados tus pecados… Tu fe te ha salvado; vete en paz.”

¿Te incomoda el celo, la entrega o la pasión de tu hermano por el Reino? Tal vez sea momento de revisar tu propio corazón.

Oración: Señor, no quiero ser como aquel fariseo que te recibió, pero no te honró. Enséñame a ser como aquella mujer que te reconoció y te amó con todo lo que tenía. Que mi entrega revele tu valor y no mi vanidad. En el nombre de Jesús, amén.

Versículo clave: “A quien se le perdona poco, demuestra poco amor; pero una persona a quien se le perdonan muchos pecados demuestra mucho amor.”Lucas 7:47 (NTV)

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