El brazo del Señor no es demasiado débil, ni su oído demasiado sordo

Ocurrió el 23 de julio de 1983. El vuelo 143 de Air Canada, un Boeing 767, se quedó sin combustible a 12.500 metros, lo que obligó a los pilotos a realizar un aterrizaje de emergencia en un antiguo aeropuerto militar en Gimli, Manitoba. Sin combustible, la única opción era un aterrizaje de planeo y deslizamiento sin motores. Y lo que ya parecía una situación aterradora se complicó aún más cuando el tren de aterrizaje delantero no se desplegó correctamente. Sin embargo, para sorpresa de todos, este fallo ayudó a frenar el avión durante el aterrizaje de emergencia. Finalmente, no hubo víctimas mortales y solo unos pocos pasajeros sufrieron heridas leves. Este aterrizaje milagroso sigue siendo, hasta el día de hoy, un hito en la aviación.

Leer esta historia real me recordó Isaías 59:1, que dice: “¡Escuchen! El brazo del Señor no es demasiado débil para no salvarlos, ni su oído demasiado sordo para no oír su clamor.” Me pregunto cuántos de esos pasajeros clamaron a Dios en los minutos previos a aterrizar sin combustible. Y el Señor hizo oídos sordos a su clamor, y llevó, con su mano fuerte, salvación a aquellas personas.

Esta historia me enseña que hay providencia en medio de lo inesperado: lo que parece un obstáculo puede ser el medio de salvación. Dios ve más allá de los ojos humanos. Hay salvación en los detalles. En el “propósito” de Dios, incluso un tren de aterrizaje que no se abre puede ser una bendición. A menudo, lo que nos atemoriza es el canal a través del cual Dios nos está guardando.

Por eso, nunca pienses que el brazo del Señor es débil o que su oído es sordo a tu clamor. Simplemente confía en Él en toda circunstancia.

Oración: Señor, ayúdame a confiar en que nada sale de tus manos y que ninguna oración pasa desapercibida para tus oídos. Que pueda ver tu salvación incluso en medio de mis problemas y en las circunstancias que no entiendo. Amén.

Versículo base: “¡Escuchen! El brazo del Señor no es demasiado débil para no salvarlos, ni su oído demasiado sordo para no oír su clamor.” (NVT) Isaías 59:1

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