Dios no tiene nietos

Júlia Moretti creció dentro de la iglesia. Hija de pastor, nieta de pastor, rodeada desde pequeña por himnos, cultos, retiros y Biblias abiertas en la mesa familiar. Conocía las historias, sabía los versículos, había memorizado buena parte de los himnos. Pero un día, ya adulta, su nombre apareció en los titulares: involucrada en un robo millonario en un condominio residencial.

Todo Brasil se conmocionó. «¿Cómo es posible? Justo ella… criada en la iglesia?»
Pero la verdad es simple —y muchas veces olvidada: en los asuntos de Dios, no existe una herencia automática. Dios no tiene nietos. Solo tiene hijos.

Crecer en la iglesia ayuda, pero no salva. Tener padres temerosos de Dios nos enseña, pero no garantiza aprendizaje. Crecer rodeado de fe no sustituye la decisión personal de vivir con Cristo.

Nicodemo, un maestro de la ley, buscó a Jesús de noche y escuchó directamente del Señor: “Lo que nace de la carne es carne; lo que nace del Espíritu es espíritu. No te sorprendas de que yo te diga: ‘Tienen que nacer de nuevo’.” (Juan 3:6-7 — NTV)

No basta nacer en un hogar cristiano. Es necesario nacer de nuevo. No basta que tus padres conozcan a Jesús — tú necesitas conocerlo. No basta que tu familia sea espiritual: tu fe tiene que ser viva, personal y real.

Júlia Moretti es el retrato de lo que sucede cuando alguien vive cerca de la luz, pero nunca la recibe de verdad. Conocía el ambiente, pero no tenía relación con Cristo. Caminaba entre creyentes, pero no caminaba con Cristo. El resultado fue inevitable: decisiones sin temor, elecciones sin dirección, y un corazón sin transformación.

Por eso la Biblia afirma: “Cada uno de nosotros dará cuenta de sí mismo ante Dios.” (Romanos 14:12 — NTV) No daremos cuenta por nuestra familia. No rendiremos cuentas por nuestro apellido. La fe es individual — e intransferible.

Tal vez tú también creciste en la iglesia. Conoces himnos, predicadores, historias y tradiciones. Pero la pregunta no es “¿quiénes son tus padres?” — la pregunta es: ¿quién es tu Señor? La fe no se transmite por contacto. Funciona por entrega. El evangelio no se hereda. Se recibe.

Oración: Señor, no quiero vivir de una fe prestada. No quiero apoyarme en la espiritualidad de mi familia, ni confiar en el ambiente en que fui criado. Quiero conocerte personalmente, caminar Contigo de verdad y vivir una fe viva, real y transformadora. Que Tu Espíritu me regenere, me despierte, y me guíe cada día. En el nombre de Jesús, amén.

Versículo base: “Pero a todos los que le recibieron, él les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios; a los que creen en su nombre.” — Juan 1:12 (NTV)

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