Cuando la luz brilla, la oscuridad desaparece

En física, aprendemos que la oscuridad no existe en sí misma. La oscuridad no es más que la ausencia de luz. Cuando llega la luz, la oscuridad desaparece al instante. No hay lucha entre ellas, porque la oscuridad no tiene materialidad propia; basta con dejar que la luz brille y la oscuridad desaparece, sin resistencia ni oposición.

Explicado de otra manera: nunca se puede “adquirir” la oscuridad. No hay lámpara que proyecte oscuridad, ni una caja donde se pueda almacenar la oscuridad para liberarla en una habitación. Si quieres una habitación oscura, solo necesitas bloquear la entrada de la luz.

Espiritualmente, esta es una lección poderosa. El mal, la mentira, el odio y la injusticia no tienen poder propio ante la luz de Dios. Solo existen donde se impide la entrada de la luz. Así como una habitación solo se oscurece cuando se cierran las ventanas, el corazón solo se llena de oscuridad cuando se cierra a la presencia del Señor.

Por eso Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo. Si ustedes me siguen, no tendrán que andar en la oscuridad porque tendrán la luz que lleva a la vida”. (Juan 8:12)

La luz de Cristo en nuestras vidas es suficiente para disipar toda oscuridad de nuestros corazones. Cuando elegimos vivir lejos de la luz de Dios, la oscuridad se instala; pero solo necesitamos buscar su presencia para que todo cambie.

Que elijamos, cada día, mantener las ventanas de nuestras almas abiertas a la luz de Jesús, trayendo esta luz al mundo, para que dondequiera que estemos, la oscuridad sea vencida.

Oración: Señor, llena mi vida con tu luz y disipa toda oscuridad de mi corazón. Que pueda llevar tu luz dondequiera que haya oscuridad. Amén.

Versículo base: “Pues antes ustedes estaban llenos de oscuridad, pero ahora tienen la luz que proviene del Señor. Por lo tanto, ¡vivan como gente de luz!” (NTV) Efesios 5:8

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