Cristo Visible

Hay algo profundamente poderoso en un verdadero encuentro con Cristo. No se trata de saber acerca de Él, de escucharlo mencionar o incluso de asistir a una iglesia. Se trata de encontrarlo de verdad, de ser tocado por su presencia, de permitirle entrar en el corazón. Y cuando eso sucede, es imposible seguir siendo el mismo. Cristo debe volverse visible.
La persona que antes vivía de mal humor, ahora se despierta con gratitud.
Quien estaba dominado por la tristeza, encuentra una alegría que no depende de las circunstancias.
Quien solo sabía quejarse, empieza a dar gracias incluso por las luchas.
Porque Cristo no cambia solo el comportamiento — cambia la naturaleza.
En la Biblia vemos historias de transformación radical.
Saulo de Tarso, perseguidor de la iglesia, tuvo un encuentro con Jesús en el camino a Damasco. Cayó al suelo, quedó ciego y, cuando recuperó la vista, ya no veía el mundo de la misma manera. De perseguidor, pasó a ser perseguido. De enemigo de la fe, se convirtió en su más apasionado defensor.
“Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!”
— 2 Corintios 5:17 (NTV)
Zaqueo, un recaudador de impuestos corrupto y codicioso, se subió a un árbol solo para ver pasar a Jesús. Pero ese simple gesto abrió espacio para un milagro. Jesús entró en su casa y, más importante aún, en su corazón. Zaqueo se levantó transformado, dispuesto a devolver lo que había robado y a ayudar a los pobres.
“Jesús respondió: ‘Hoy ha llegado la salvación a esta casa’.”
— Lucas 19:9 (NTV)
Y también está María Magdalena, de quien Jesús expulsó siete demonios. Pasó de ser una mujer prisionera de las tinieblas a una discípula fiel, una de las primeras en ver al Cristo resucitado.
Cada encuentro verdadero con Jesús produce cambio, luz y propósito.
No existe un encuentro genuino sin una transformación genuina.
Si Cristo vive en mí, el mundo debe notarlo en mi mirada, en mis palabras y en mis actitudes. Cristo se hace visible en mí.
Oración: Señor Jesús, gracias porque tu amor me encontró. No quiero solo conocerte de oídas, sino conocerte de verdad, en profundidad. Transfórmame cada día hasta que tu imagen se forme completamente en mí. Que las personas vean en mí tu alegría, tu paz y tu amor. Amén.
Versículo clave: “Mi antiguo yo ha sido crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Así que vivo en este cuerpo terreno confiando en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí.” — Gálatas 2:20 (NTV)
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