No tengas prisa

Ocurrió el 6 de febrero de 1958. El día anterior, el Manchester United había disputado un partido en la antigua Yugoslavia y, con un empate 3 a 3, consiguió la clasificación a las semifinales de la Champions League de la temporada 1957–58. En el regreso al Reino Unido, el vuelo BE609 necesitó reabastecerse en Múnich. El clima era extremo: frío intenso, nieve acumulada en la pista y condiciones claramente desfavorables para el despegue. Dos intentos fallaron. Aun así, insistieron. En el tercer intento, el avión no alcanzó la velocidad necesaria, perdió sustentación y cayó segundos después de dejar la pista. El saldo fue devastador: 23 muertos, entre ellos, 8 jugadores del club inglés.
Tres intentos. Una tragedia. A veces, es necesario saber esperar.
El United tenía prisa por regresar a casa porque la Federación Inglesa —contraria a la participación del club en la competencia europea— se había negado a aplazar un partido de la liga nacional contra el Wolverhampton. Para cumplir con ese compromiso, el vuelo fue fletado con urgencia. La decisión de insistir, aun frente a señales claras de peligro, demostró que la prisa puede cegarnos. Cuando el tiempo nos presiona, tendemos a minimizar los riesgos, ignorar las advertencias y avanzar como si nada pudiera salir mal.
Al reflexionar sobre esta historia, percibo cómo lo mismo sucede en la vida espiritual. ¿Cuántas decisiones tomamos apresuradamente? ¿Cuántas veces seguimos adelante incluso cuando Dios claramente nos está invitando a detenernos, esperar y confiar? La Palabra nos advierte: «El que es paciente demuestra gran entendimiento; el que es agresivo muestra mucha insensatez» (Proverbios 14:29, NVI). La prisa rara vez camina de la mano con la sabiduría.
Dios no obra al ritmo de la ansiedad humana. Él nos llama a confiar en su tiempo. «Bueno es el Señor con quienes en él esperan» (Lamentaciones 3:25, NVI). Esperar no es perder tiempo; es discernir los peligros, escuchar la voz de Dios y actuar con prudencia. Cuando aceleramos los procesos, muchas veces cosechamos consecuencias que podrían haberse evitado.
Seguimos aprendiendo que no toda puerta abierta debe cruzarse de inmediato. Hay momentos en los que la mayor demostración de fe no es avanzar, sino detenerse. No insistir. No intentar una tercera vez cuando Dios ya ha señalado que no es seguro continuar.
Que aprendamos a desacelerar, a escuchar más y a confiar menos en la urgencia y más en la dirección del Señor.
Oración: Señor, líbranos de la prisa que nos lleva a ignorar las señales a nuestro alrededor. Danos un corazón sensible a tu voz y sabiduría para esperar cuando sea necesario. Enséñanos a confiar en tu tiempo, aun cuando todo a nuestro alrededor nos presiona a actuar. Amén.
Versículo del día: «Encomienda al Señor tu camino; confía en él, y él actuará» (Salmos 37:5, NVI)
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