La puerta para otros

Sucedió en Buffalo, Nueva York, Estados Unidos, en diciembre de 2022. Durante una de las peores tormentas de nieve de la historia de la región, Jay Withey, de 27 años, quedó atrapado mientras intentaba ayudar a un amigo. Desesperado por encontrar un lugar seguro donde pasar la noche, llamó a la puerta de diez casas, pero fue rechazado en todas. Sin otra alternativa, terminó entrando en una escuela, rompiendo una ventana para protegerse del frío. Podría haberse quedado allí simplemente para salvar su propia vida, pero decidió hacer algo más. Withey regresó a la tormenta y comenzó a buscar personas que estaban atrapadas en sus vehículos. Una por una, llevó a esas personas al interior de la escuela, donde encontraron refugio, calor y seguridad. Al final, 24 personas, incluidos varios adultos mayores, lograron sobrevivir a la tormenta gracias a aquel refugio improvisado. Antes de marcharse, Withey dejó una nota pidiendo disculpas por haber roto la ventana y explicó que lo había hecho porque necesitaba “salvarlos a todos”. El hombre que había sido rechazado por diez puertas terminó encontrando una puerta que, al abrirse, se convirtió en refugio para otras 24 vidas.

Cuando conocí esta historia, inmediatamente pensé en cuántas veces las puertas que se cierran en nuestra vida pueden terminar convirtiéndose en una bendición más adelante. Eso fue exactamente lo que ocurrió con Jay. Las diez puertas que se cerraron para él terminaron llevándolo a una puerta que se convirtió en refugio para otras personas.

Esto me recuerda a Pablo y Silas, quienes fueron encarcelados por anunciar el evangelio. A medianoche, estaban orando y cantando alabanzas cuando un terremoto abrió las puertas de la prisión y soltó sus cadenas. Las puertas se abrieron para ellos, pero Pablo y Silas entendieron que aquella puerta abierta no era simplemente una oportunidad para escapar. Dios había abierto una puerta para alcanzar la vida del carcelero.

El carcelero, al darse cuenta de que las puertas estaban abiertas, pensó en quitarse la vida, pero Pablo se lo impidió. Después, escuchó el evangelio, creyó en Jesús y fue bautizado junto con toda su familia (Hechos 16:16–34).

Dios puede transformar aquello que recibimos en algo que bendiga a otras personas. Pablo escribió en su segunda carta a los Corintios: “Dios es nuestro Padre misericordioso y la fuente de todo consuelo. Él nos consuela en todas nuestras dificultades para que podamos consolar a otros.” — 2 Corintios 1:4.

La puerta que Dios abre para ti puede haber sido abierta para que otros también encuentren refugio. Quien encuentra refugio en medio de la tormenta no debería olvidar a quienes todavía están afuera. “Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás.” — Efesios 2:10.

Finalmente, el refugio que recibimos de Dios nunca debería convertirse en una excusa para ignorar a quienes todavía están en medio de la tormenta. Tal vez Dios te haya colocado en la tormenta de alguien para ser la respuesta que esa persona estaba esperando.

Quien encontró refugio en Cristo no fue salvado para permanecer protegido entre cuatro paredes, sino para volver a la tormenta y llevar a otros hasta la Puerta.

Oración: Señor, gracias por el refugio que encontramos en Cristo. Ayúdanos a no permanecer indiferentes ante quienes todavía están enfrentando sus tormentas, sino a usar nuestra vida para llevar esperanza, cuidado y salvación a otras personas. Amén.

Versículo del día: “Y no se olviden de hacer el bien y de compartir con los que están en necesidad, porque esos son los sacrificios que agradan a Dios.” — Hebreos 13:16 | NTV

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