Una herida no tiene que definir tu historia

Sucedió en Texas, Estados Unidos, en 1917. William Lawlis Pace tenía apenas 8 años cuando su hermano mayor, Marvin, lo hirió accidentalmente con un rifle calibre .22 mientras jugaban. El disparo dejó la bala alojada en la parte posterior de su cabeza, provocándole pérdida total de la audición del oído derecho, casi ceguera del ojo derecho y una deformación en el rostro. Los médicos decidieron no retirar el proyectil porque una cirugía podía poner en riesgo su vida. Lo extraordinario es que William vivió otros 94 años con la bala dentro de la cabeza y murió solamente en 2012, a los 103 años. El caso fue reconocido por Guinness World Records como el período más largo de supervivencia con una bala alojada en la cabeza: 94 años y 175 días.
Al leer sobre la historia de William Lawlis Pace, solo pude pensar en una cosa: una herida no tiene que definir tu historia.
William vivió hasta los 103 años. La bala formaba parte de su historia, pero no era toda su historia.
Puedes haber sido traicionado, pero tu vida no se resume en una traición. Puedes haber sido abandonado, pero tu vida no es solamente un abandono. Puedes haber fracasado, pero tu vida es mucho más que un fracaso. Puedes haber sido herido, pero tu vida no es solamente esa herida.
Lamentablemente, hay muchas personas que no logran superar algo que sucedió y viven atrapadas en un pasado o en un acontecimiento doloroso. Pero todo aquel que busca a Dios y su Palabra encuentra esta maravillosa verdad: “Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!” — 2 Corintios 5:17.
Lo que te sucedió forma parte de tu historia, pero no tiene que ser el título de ella. Hay cosas que nos sucedieron que no podemos cambiar. Algunas marcas quizá permanezcan. Algunos recuerdos pueden seguir existiendo. Pero, en Cristo, nuestra identidad no tiene que estar determinada por aquello que nos hirió.
Esto no significa fingir que la herida nunca existió ni ignorar el dolor que causó. Significa no permitir que aquello que sucedió en el pasado tenga la última palabra sobre quiénes somos y sobre lo que Dios todavía puede hacer en nuestra vida.
Puedes llevar una cicatriz sin tener que cargar con el dolor. La herida puede formar parte de tu historia sin convertirse en tu identidad.
En Cristo, todo se hace nuevo. El pasado puede explicar algunas de las marcas que llevamos, pero es Cristo quien define quiénes somos y hacia dónde vamos.
No permitas que una herida que ocurrió en un capítulo de tu vida se convierta en el título de toda tu historia.
Oración: Señor, ayúdame a no vivir atrapado en las heridas del pasado. Sana aquello que todavía duele, restaura aquello que fue quebrantado y enséñame a mirar mi vida a partir de lo que Cristo hizo por mí, y no solamente a partir de lo que me sucedió. Que mi identidad esté en ti y que mis heridas nunca tengan más fuerza que tu gracia. Amén.
Versículo del día: “Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!” — 2 Corintios 5:17 | NTV
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