“El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”

En Apocalipsis, capítulos 2 y 3, encontramos el mensaje de Jesús para las siete iglesias más importantes de aquella época. Cuando analizamos cada mensaje, podemos observar que muestran diferentes condiciones espirituales que pueden existir en una comunidad cristiana — y también en cada cristiano. Jesús elogia lo que está bien, confronta lo que necesita cambiar, llama al arrepentimiento y presenta una promesa a quienes permanezcan fieles.
Éfeso — “Has perdido tu primer amor.”
La iglesia tenía conocimiento, trabajo, perseverancia y discernimiento, pero su actividad religiosa había dejado de estar acompañada por el amor. Jesús la llama a recordar, arrepentirse y volver a las primeras obras (Ap 2:1–5).
Esmirna — “Permanece fiel en el sufrimiento.”
Era una iglesia perseguida y pobre a los ojos del mundo, pero Jesús la consideraba rica. No recibe una reprensión; recibe ánimo para no tener miedo y permanecer fiel incluso ante la muerte (Ap 2:8–11).
Pérgamo — “No comprometas la verdad.”
La iglesia permanecía fiel a Cristo en un ambiente hostil, pero algunos toleraban enseñanzas que conducían a la idolatría y a la inmoralidad. Jesús llama a la iglesia al arrepentimiento (Ap 2:12–17).
Tiatira — “No toleres el pecado.”
Jesús reconoce el amor, la fe, el servicio y la perseverancia de la iglesia, pero reprueba su tolerancia ante una influencia que llevaba a las personas a la inmoralidad y a la idolatría. El problema no era la falta de buenas obras, sino la tolerancia hacia aquello que debía ser confrontado (Ap 2:18–29).
Sardis — “Pareces estar viva, pero estás muerta.”
Tenía reputación de estar viva, pero Jesús veía una realidad espiritual diferente. El llamado es a despertar, fortalecer lo que todavía permanece y arrepentirse (Ap 3:1–6).
Filadelfia — “Continúa siendo fiel.”
Era una iglesia de poca fuerza, pero había guardado la palabra de Cristo. Jesús no la reprende; promete sostenerla y le pide que conserve aquello que ha recibido (Ap 3:7–13).
Laodicea — “Abandona la tibieza.”
La iglesia creía ser rica y autosuficiente, pero Jesús la describe como pobre, ciega y desnuda espiritualmente. El problema central era confiar en su propia condición en lugar de reconocer su necesidad de Cristo. Por eso, Jesús la llama a ser fervorosa y a arrepentirse (Ap 3:14–22).
Hay un patrón muy interesante en las siete cartas: Jesús no mira solamente aquello que la iglesia aparenta ser. Él mira aquello que realmente es. Algunas tenían buena reputación, pero estaban espiritualmente muertas; otra tenía poca fuerza, pero era fiel.
Y un detalle presente en todos los mensajes es que terminan con el mismo llamado que da título a esta reflexión: “El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.” Y, si tienes oídos, escucha, porque este mensaje también es para ti.
Apocalipsis 2 y 3 trae un mensaje personal, dirigido a cada uno de nosotros. Cada uno de nosotros debe leer estos mensajes y preguntarse: “¿Cuál de estos mensajes me está dirigiendo Jesús a mí?”
No basta con escuchar lo que Jesús dice a las iglesias; es necesario permitir que aquello que Él dice transforme nuestra propia vida.
Oración: Señor Jesús, danos oídos para escuchar lo que tu Espíritu dice y un corazón humilde para reconocer aquello que necesita cambiar en nosotros. Que no nos preocupemos solamente por la apariencia de nuestra fe, sino que seamos verdaderamente fieles a ti, perseverando hasta el final. Amén.
Versículo del día: “El que tenga oídos para oír debe escuchar al Espíritu y entender lo que él dice a las iglesias.” — Apocalipsis 2:7
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