Es necesario que tenga una buena reputación ante los que no son creyentes

Sucedió en Brasil, en un caso relacionado con un empleado de General Motors. Un trabajador que también se desempeñaba como pastor presentó 88 certificados médicos de incapacidad laboral en tan solo un año. El problema era que, durante el mismo período en que alegaba estar incapacitado para desempeñar sus funciones profesionales en la empresa, continuaba ejerciendo normalmente sus funciones como pastor. La empresa consideró que su conducta representaba una ruptura de la confianza y lo despidió por justa causa. El trabajador recurrió a la Justicia Laboral, pero la decisión fue mantenida.
Más que discutir la situación profesional de aquel hombre, este caso nos lleva a reflexionar sobre el peso del testimonio de quien ejerce liderazgo espiritual. Pablo orientó a Timoteo sobre las cualidades de un líder de la iglesia y dijo que debía tener “buen testimonio de los que están afuera” (1 Timoteo 3:7). Esto significa que el testimonio de un pastor no se construye solamente cuando está en el púlpito, con la Biblia abierta y delante de la iglesia. También se construye cuando está en el trabajo, cuando maneja dinero, cuando cumple sus compromisos, cuando conversa con sus compañeros y cuando toma decisiones de las que nadie en la iglesia llegará a enterarse.
El pastor también predica cuando no está predicando. Su vida continúa comunicando un mensaje después de que termina el culto. Sus compañeros de trabajo quizá nunca escuchen un sermón suyo, pero escucharán su manera de hablar. Tal vez nunca participen en una reunión de oración, pero observarán su honestidad. Quizá nunca abran una Biblia con él, pero podrán evaluar su fe por la manera en que trata a las personas y cumple con sus responsabilidades.
Y esto no se aplica solamente a los pastores. Todo cristiano es un testigo de Cristo en los lugares donde Dios lo ha puesto. Nuestra familia, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo e incluso aquellos que no comparten nuestra fe están leyendo el mensaje que nuestra vida transmite. Podemos hablar mucho acerca de Cristo el domingo y, el lunes, contradecir con nuestras actitudes aquello que predicamos con nuestros labios.
Por eso, el mensaje que está predicando mi vida siempre será más importante que el mensaje que predico en la iglesia.
Que Dios nos ayude a vivir de una manera tan coherente con el Evangelio que nuestra conducta confirme aquello que nuestros labios anuncian. Porque, al final de cuentas, nuestra vida es el sermón que las personas leen cuando no estamos predicando.
Oración: Señor, ayúdame a vivir de manera coherente con la fe que profeso. Que mis actitudes en el trabajo, en casa, en mis relaciones y en todos los lugares revelen el carácter de Cristo. Que no sea solamente alguien que habla de Ti, sino alguien cuya vida apunta hacia Ti. Amén.
Versículo del día: “También es necesario que tenga una buena reputación ante los que no son creyentes, para que no sea objeto de deshonra y no caiga en la trampa del diablo.” — 1 Timoteo 3:7
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