¿Cambió Dios de opinión?

Al leer Números 15, podemos encontrarnos con una pregunta difícil: ¿cambió Dios de opinión? En este capítulo, un hombre es encontrado recogiendo leña en sábado y, después de consultar al Señor, Dios ordena que sea apedreado hasta morir. Siglos después, en Mateo 12, los discípulos de Jesús arrancan espigas de trigo para comer en sábado, y Jesús no solo lo permite, sino que también confronta a quienes los acusaban de transgredir la Ley. Entonces, ¿qué cambió? ¿Cambió Dios de opinión?

La respuesta está en comprender el verdadero sentido de la Ley. En Números 15, no estamos ante una persona que simplemente intenta satisfacer una necesidad. El episodio ocurre en el contexto de las instrucciones sobre quienes pecaban deliberadamente, con una actitud de rebeldía y desprecio hacia la autoridad de Dios. Aquel hombre estaba transgrediendo conscientemente una orden que formaba parte del pacto entre Dios e Israel. Era una transgresión deliberada.

En Mateo 12, sin embargo, la situación es completamente diferente. Los discípulos tenían hambre y arrancaron algunas espigas para comer. No estaban realizando un trabajo comercial ni despreciando a Dios. Había una necesidad genuina que estaba siendo atendida. Y es precisamente en este contexto que Jesús pronuncia una de las frases más importantes para comprender el propósito de la Ley: “El día de descanso se hizo para beneficio de los seres humanos, y no los seres humanos para el día de descanso.” Jesús estaba mostrando algo que para muchos religiosos de su tiempo era extremadamente difícil de comprender: la Ley fue dada por Dios para conducir al ser humano a la voluntad de Dios, y no para convertirlo en esclavo de reglas que han perdido su propósito.

Jesús no estaba anulando la Ley. Estaba revelando su verdadero significado. Tanto es así que, en Marcos 3:4, frente a quienes lo observaban para acusarlo, preguntó: “¿Qué está permitido hacer en sábado: hacer el bien o hacer el mal? ¿Salvar una vida o destruirla?” La pregunta expone lo absurdo de una interpretación de la Ley que pudiera considerar incorrecto hacer el bien con tal de preservar una regla.

El problema nunca estuvo en la Ley de Dios. El problema estaba en la manera en que los hombres la interpretaban. Habían aprendido a ver el mandamiento, pero habían perdido de vista el corazón de aquel que dio el mandamiento. Jesús vino a recuperar ese sentido. Él nos enseña que obedecer a Dios no es cumplir reglas de manera mecánica, sino comprender el corazón de Dios detrás de ellas.

Tal vez esta pregunta también deba hacerse en nuestra vida: ¿estamos obedeciendo a Dios o simplemente tratando de cumplir reglas? Porque es posible conocer muchos mandamientos y, aun así, no comprender aquello que Dios desea producir en nuestro corazón. La verdadera obediencia no convierte la Ley en una carga que impide el amor, la misericordia y el bien. Al contrario: cuando comprendemos el corazón de Dios, descubrimos que sus mandamientos existen para conducirnos a la vida.

El día de descanso se hizo para beneficio del ser humano, y no el ser humano para el día de descanso. Dios no cambió de opinión. Somos nosotros quienes muchas veces necesitamos aprender nuevamente a comprender el corazón de Dios detrás de aquello que Él ordena.

Oración: Señor, ayúdame a comprender tu Palabra con sabiduría y a obedecer no solo por cumplir reglas, sino por amor a Ti. Que nunca pierda de vista tu corazón al buscar cumplir tu voluntad. Amén.

Versículo del día: “Pues toda la ley puede resumirse en un solo mandato: «Ama a tu prójimo como a ti mismo».” Gálatas 5:14

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