La riqueza no puede salvar

Fritz Goldschmidt (1871–1944) fue un empresario y coleccionista de arte judío de Breslau, entonces Alemania, miembro de una familia influyente de la sociedad local. En 1898 fundó la empresa Koppenheim & Goldschmidt, dedicada al comercio de cereales, y ocupó posiciones importantes en el mercado de materias primas de la ciudad. Él y su esposa, Thea, poseían una importante colección de arte, que incluía obras de artistas como Max Liebermann, Lovis Corinth y Auguste Gaul. Con el ascenso del nazismo, Goldschmidt perdió sus negocios y su patrimonio y su colección fueron confiscados o vendidos por la fuerza. En junio de 1943, él y Thea fueron deportados a Theresienstadt y, en octubre de 1944, trasladados a Auschwitz, donde fueron asesinados por los nazis; Fritz tenía 72 años.

Esta historia es triste y dolorosa, como tantas otras historias del Holocausto judío. Pero me llamó la atención de una manera especial. Fritz tenía dinero, influencia, negocios, una valiosa colección de arte y una posición social privilegiada. Pero nada de eso pudo protegerlo cuando el régimen nazi decidió perseguirlo.

La Palabra de Dios ya nos advertía hace miles de años: “Las riquezas no sirven de nada en el día de la muerte” — Proverbios 11:4.

Existe en todo ser humano una tendencia natural a interpretar los recursos terrenales como una fuente de seguridad. Nada podría estar más lejos de la realidad. Hay muchas situaciones en las que la desgracia ignora el dinero y el poder. Podemos acumular bienes, construir una carrera, conquistar reconocimiento y alcanzar una posición privilegiada, pero nada de eso nos hace invulnerables ante las circunstancias de la vida o ante la muerte.

Hay cosas que el dinero puede comprar, pero hay una cosa que nunca podrá comprar: la verdadera seguridad que tenemos en Cristo. Y la seguridad que encontramos en Jesús no significa necesariamente ser librados de todos los problemas y adversidades de este mundo. Significa, sobre todo, la certeza de la vida eterna.

Jesús advirtió sobre el peligro de poner el valor de la vida en las riquezas de este mundo al preguntar: “¿Y qué beneficio obtienes si ganas el mundo entero pero pierdes tu propia alma?” — Mateo 16:26.

La mayor tragedia de este mundo no es perder riquezas, propiedades o posición social. La mayor tragedia es perder la eternidad en Cristo. Por eso, nuestra seguridad no puede estar en aquello que poseemos, sino en Aquel que posee nuestra vida y nos ofrece aquello que el dinero jamás podrá comprar: la salvación y la vida eterna.

Oración: Señor, ayúdame a no poner mi seguridad en las riquezas, en el poder ni en aquello que poseo. Que mi confianza esté en Ti y que jamás cambie la eternidad por aquello que es pasajero. Amén.

Versículo del día: “No almacenes tesoros aquí en la tierra, donde las polillas se los comen y el óxido los destruye, y donde los ladrones entran y roban. Almacena tus tesoros en el cielo.” Mateo 6:19-20

Loading

Compartilhe:

Adicionar um Comentário

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *