La distancia entre nuestros planes y la eternidad

Ocurrió en el Aeropuerto de Congonhas, en São Paulo, Brasil, el 29 de mayo de 2026. La jubilada Maria da Glória Pereira da Silva Fávaro, de 72 años, descendía de un vuelo de LATAM procedente de Ribeirão Preto cuando cayó por las escaleras de acceso de la aeronave. Según testigos, la caída ocurrió en los últimos escalones, cuando ya estaba muy cerca del suelo. La mujer se golpeó la cabeza y sufrió un grave traumatismo, siendo atendida aún en la pista y trasladada al hospital. Maria da Glória había viajado a São Paulo para celebrar el cumpleaños de su hija, pero no resistió las heridas y falleció dos días después. Un detalle especialmente triste es que, según relató la familia, había hecho el viaje precisamente para participar en una celebración familiar y estaba a pocos escalones de completar el desembarque cuando ocurrió el accidente.

Esta historia nos confronta con una realidad en la que preferimos no pensar: la fragilidad de la vida.

Maria da Glória tenía planes. Había comprado un pasaje, organizado su viaje y estaba a punto de reencontrarse con su familia para una celebración especial. Todo indicaba que estaba llegando a su destino. Solo faltaban unos pocos escalones.

Estaba tan cerca de llegar. Pero la vida, una vez más, nos recuerda que existe una distancia muy pequeña entre nuestros planes y la eternidad.

Santiago escribió algo que sigue siendo tan verdadero hoy como el día en que fue registrado: “¿Cómo saben lo que sucederá mañana? La vida de ustedes es como la neblina del amanecer: aparece un rato y luego se esfuma.” (Santiago 4:14, NTV).

No nos gusta pensar en esto porque nos gusta la sensación de control. Hacemos planes para la próxima semana. Planeamos viajes para el próximo año. Soñamos con proyectos para la próxima década. Y no hay nada malo en planificar. La misma Biblia valora la sabiduría y la preparación. El problema surge cuando confundimos planificación con control. La verdad es que controlamos mucho menos de lo que imaginamos.

Jesús contó la historia de un hombre que acumuló riquezas y se dijo a sí mismo: “Ahora tengo bienes para muchos años”. Pero aquella misma noche le fue demandada su vida. El error de aquel hombre no fue hacer planes. Fue vivir como si Dios no tuviera la última palabra sobre su existencia.

Por eso Salomón escribió: “Podemos hacer nuestros planes, pero el Señor determina nuestros pasos.” (Proverbios 16:9, NTV). Esta verdad no debería producirnos miedo. Debe producirnos humildad. Cada nuevo día es un regalo; cada abrazo, cada comida en familia es un regalo. Cada oportunidad de servir a Dios es un regalo.

Muchas veces vivimos corriendo detrás del mañana y olvidamos agradecer por el hoy. Maria da Glória abordó aquel avión creyendo que iba a una fiesta de cumpleaños. Ninguno de sus familiares imaginaba que aquel encuentro ocurriría de una manera tan diferente.

Y esto nos lleva a una pregunta importante: si la vida es tan breve, ¿qué es lo que realmente importa?

Ciertamente no son los bienes que acumulamos. No son los títulos que conquistamos. No son los aplausos que recibimos. Lo que realmente importa es estar reconciliados con Dios, amar a las personas que Él puso a nuestro alrededor y vivir cada día con la conciencia de que nuestra vida está en Sus manos.

La distancia entre los planes y la eternidad puede ser menor de lo que imaginamos. Por eso, no pospongas el perdón. No pospongas la gratitud. No pospongas la obediencia. No pospongas tu caminar con Dios.

El día para servir al Señor siempre es hoy.

Oración: Señor, ayúdame a vivir con sabiduría y humildad ante la brevedad de la vida. Que nunca suponga que tengo el control del mañana, sino que aprenda a confiar cada día en Tus manos. Enséñame a valorar a las personas, aprovechar las oportunidades que Tú me das y vivir preparado para la eternidad. Que mis planes siempre estén sometidos a Tu voluntad. En el nombre de Jesús, amén.

Versículo del día: “¿Cómo saben lo que sucederá mañana? La vida de ustedes es como la neblina del amanecer: aparece un rato y luego se esfuma.” (Santiago 4:14, NTV)

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