La maldad humana existe

Ocurrió entre Milán, Italia, y Turquía, en 2008. La artista italiana Pippa Bacca (Giuseppina Pasqualino di Marineo) inició un proyecto llamado “Brides on Tour”, en el que pretendía viajar vestida de novia, siempre haciendo autostop, desde Milán hasta Jerusalén. Su objetivo era transmitir un mensaje de paz y demostrar que, a pesar de las guerras y los conflictos, las personas eran esencialmente buenas y dignas de confianza. Durante el viaje, al pasar por Turquía, Pippa aceptó que un desconocido la llevara en su vehículo. Días después, fue encontrada sin vida en una zona boscosa cercana a Estambul. El conductor, que posteriormente confesó el crimen, fue arrestado y condenado. La tragedia conmocionó a Italia y al mundo, convirtiéndose en un doloroso contraste entre el ideal de confianza universal defendido por la artista y la realidad de la maldad humana.
La historia de Pippa Bacca es profundamente triste. Su proyecto estaba impulsado por un mensaje de paz, esperanza y confianza en el ser humano. Pero la tragedia recordó al mundo una realidad que la Biblia jamás oculta: la maldad humana existe.
Vivimos en una época en la que muchas personas creen que el ser humano es naturalmente bueno y que, con suficiente educación, progreso y desarrollo, todos los problemas serán resueltos. Sin embargo, las Escrituras presentan un diagnóstico diferente.
La Palabra de Dios nunca romantiza la naturaleza humana. Por el contrario, declara: “No hay ni un solo justo, ni siquiera uno.” (Romanos 3:10, NTV). Esto no significa que todas las personas sean igualmente malas o incapaces de hacer el bien. Significa que todos hemos sido afectados por el pecado. La caída alcanzó a toda la humanidad. Por eso Juan escribió: “Sabemos que somos hijos de Dios y que el mundo que nos rodea está controlado por el maligno.” (1 Juan 5:19, NTV).
La Biblia no nos invita a la ingenuidad, sino al discernimiento. Jesús envió a sus discípulos al mundo diciendo: “Por lo tanto, sean astutos como serpientes e inofensivos como palomas.” (Mateo 10:16, NTV). Observe el equilibrio. El Señor no nos llama a vivir desconfiando de todos, consumidos por el miedo. Pero tampoco nos llama a ignorar la realidad del pecado.
La tragedia de Pippa nos recuerda que el problema más profundo de la humanidad no es político, económico o educativo. El problema es espiritual.
Y precisamente por eso existe la cruz. Si el hombre pudiera salvarse a sí mismo, Cristo no habría necesitado venir. Si el ser humano fuera naturalmente justo, no habría necesidad de redención. La cruz existe justamente porque el hombre no puede salvarse por sí mismo. Por eso Jesús vino. Por eso murió. Por eso resucitó.
El mensaje del Evangelio no es que las personas son buenas y solo necesitan un poco de motivación. El mensaje del Evangelio es que las personas son pecadoras y necesitan un Salvador. Y esa es una noticia maravillosa. Porque, si el pecado es real, la gracia también lo es. Si la caída es profunda, la cruz es suficiente. Si el mundo está bajo el dominio del maligno, Cristo sigue siendo la luz del mundo.
Nuestra esperanza no está en la bondad natural del ser humano. Nuestra esperanza está en el poder transformador de Dios.
Oración: Señor, gracias porque Tu Palabra revela la realidad del pecado, pero también revela la grandeza de Tu gracia. Líbrame de la ingenuidad espiritual y ayúdame a vivir con discernimiento, prudencia y dependencia de Ti. Gracias porque, a pesar de la maldad de este mundo, existe esperanza en Cristo. Que nunca ponga mi confianza en la naturaleza humana, sino en la obra perfecta de la cruz. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo del día: “No hay ni un solo justo, ni siquiera uno.” (Romanos 3:10, NTV)
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