La vida bajo el sol

El rey Salomón, en el libro de Eclesiastés, describe la vida “bajo el sol”. Habla de una existencia marcada por la rutina, el esfuerzo y, al final, el vacío. “¿Qué obtiene la gente con tanto trabajar y afanarse bajo el sol?” (Eclesiastés 1:3, NTV). Es la vida cuando intentamos buscar sentido únicamente en las cosas terrenales, apartados de Dios.
La vida bajo el sol es cansada, repetitiva y frustrante. El sol sale y se pone, los ríos corren hacia el mar sin llenarlo nunca, el viento sopla en ciclos interminables. Salomón vio en esto un retrato de la existencia humana cuando se vive solo en la dimensión terrenal: mucho movimiento, pero poco sentido.
Pero también existe la vida “por encima del sol”. Vivir por encima del sol es vivir en la perspectiva de Dios, es reconocer que la vida no se limita a lo que podemos ver. Jesús dijo: “Mi propósito es darles una vida plena y abundante” (Juan 10:10, NTV). El vacío que Salomón describió solo encuentra respuesta cuando levantamos la mirada más allá del sol, hacia el Creador de todas las cosas.
La vida por encima del sol no elimina las rutinas, pero llena cada día de propósito. No evita el trabajo, pero le da sentido al esfuerzo. No quita el dolor, pero añade esperanza. Lo que para muchos es carga, para quien vive con Dios se convierte en oportunidad de darle gloria.
Solo quien vive en Cristo puede experimentar esa vida que no se limita a lo que los ojos ven, sino que se proyecta hacia la eternidad.
Oración: Señor, no quiero vivir solo debajo del sol, buscando sentido en las cosas pasajeras. Quiero vivir por encima del sol, con los ojos puestos en ti, encontrando propósito y esperanza en cada día. Llena mi corazón con tu vida verdadera. Amén.
Versículo clave: “Mi propósito es darles una vida plena y abundante.” (Juan 10:10, NTV).
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